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La lucha de la vida - capítulo 1

January 7, 2018

Preview of the novel, La lucha de la vida

 

J.P

 

     Con mi mochila y mi maletín, camino una milla al colegio esta mañana.  Es otoño y recién empezó el frío que normalmente no empieza hasta el fin de este mes.  La caminata al colegio cuando hace buen tiempo no me molesta tanto especialmente cuando uso el monopatín.  Pero cuando hace frío, esta milla es una pesadilla.  No sólo tengo que levantarme bastante temprano porque me tardo veinte minutos para llegar, el viento es horrible.  Para mí es otra injusticia de vivir en esta comunidad: la gente que tiene lana, o sea dinero, vive más lejos de las escuelas y el distrito tiene autobuses escolares para esos niños.  No importa que la mayoría de esos estudiantes llegan a las escuelas en sus propios carros o con los padres. 

 

     El viento me golpea otra vez cuando doblo a Edmonton Street.  Sólo diez minutos más.

 

     La mochila y el maletín pesan.  Hasta que llegué a este colegio, no sabía tanto de cómo era esta tarea.  Cada noche tengo que hacer dos a tres horas de tarea.  En la escuela donde asistía antes, los profesores tenían suerte si los estudiantes llegaban a clase, entonces no nos daban tarea.  Ese colegio se llamaba Buenaventura High School, pero no fue tan bueno, ni una aventura.  En aquella época vivía con mi madre, mi tía Alma y mis primos, Carlos, Juan y Amelia.  Vivimos allí por unos diez años desde que mis padres se separaron.

 

    Justo al llegar a la entrada recibo un mensaje Snapchat en mi móvil.  Es una foto loca de mi amigo, Will, quien es el capitán del equipo de la lucha libre.  El mensaje dice,

           

 

     La foto es un selfie de Will con una cara chistosa.  Lo usual.  Pero de todos modos me hace reír.  Me cuesta responder al mensaje porque tengo que sacar los guantes y el frío me congela, pero le escribo,

 

            ─Claaaaaaaro

     En dos semanas empieza la temporada de deportes del invierno.  Éste será mi primer año en el equipo de lucha libre en este estado.  No como en Iowa, New Jersey ni en Pennsylvania donde es un deporte fenomenal y muy importante, la lucha libre aquí no tiene tanta importancia.  Sí, hay colegios con participantes excelentes, como en Jacksbury, pero no es un deporte popular como el fútbol americano o el lacrós.  Me parece que la lucha libre no tiene la importancia en este estado que tienen otros deportes.  Es una pena porque para mí, como mexicano, la lucha libre es lo máximo.

 

     Will me espera en el lobby del colegio y bajamos al vestuario cerca del gimnasio para guardar la ropa deportiva, o sea, el uniforme.  Will, con tanto ánimo como siempre, me dice, ─Esta temporada va a ser excelente, ¿no crees?  Vamos a tener muchas competencias diferentes a causa del cambio en las conferencias estatales. 

 

     Will continúa hablando cuando nos encontramos con el Señor Waller, mi profesor de inglés. 

 

            ─Hola, Sr. Waller ─le digo ─¿Cómo pasó el fin de semana?

            ─Hola, Juan Patricio.  Estuvo bien, gracias.  Necesitamos hablar sobre tu nota en mi clase.  ¿Cuándo tienes libre hoy?

 

    Ay yay yay.  La nota en la clase de inglés.  Esta clase es horrible para mí. 

     Sr. Waller y yo hacemos un plan para reunirnos período 7.  Sé que mi nota es un problema, pero el trabajo que tenemos es muy difícil para mí.  Decido pensar en otra cosa por el momento.

 

     Sin parar, Will continúa hablando, ─Jacksbury tiene buen equipo este año con esos muchachos de peso 106, 113, 138, 152, 195 y 220, pero en las otras categorías pienso que podemos dominar.  ¿Qué piensas?

            ─Sí ─le digo. 

            ─Ay, no prestabas atención, hombre. 

 

     Tiene razón.  En ese momento pensaba en la conversación con Sr. Waller.  Si no mejoro las notas en inglés y en la clase de matemáticas, no importa cuál equipo es mejor porque no voy a poder participar.

 

*****

 

     A la una y media de la tarde entro en el aula de Sr. Waller. 

 

            ─Hola Juan Patricio ─me saluda.  Todo el mundo me llama J.P. pero este profesor insiste en llamarme por mi nombre completo.  Horrible.

            ─Buenas tardes, Sr. Waller ─le respondo.

            ─Juan Patricio, al momento tienes una nota de “F” en mi clase.  O sea, aplazas la clase de inglés. 

            ─Sí señor.  Sé que mi nota está mal.  Pero trato de completar el trabajo lo mejor que puedo.  Es difícil para mí porque no leo muy bien.

            ─Entiendo perfectamente.  Por eso quiero ayudarte.  Ven a verme después del colegio todos los días esta semana y vamos a trabajar juntos. 

            ─Pero, Sr. Waller, tengo la práctica de lucha libre todos los días ─empiezo a quejarme.

            ─Juan Patricio, aunque no sé mucho de los deportes del colegio, sé que la temporada empieza en unas dos semanas.  Y, como lo veo, si tú no aprovechas de mi ayuda y aplazas la clase, no vas a poder participar.  ¿No es cierto?

 

     Aunque no quiero pensarlo, el profesor tiene razón.  ─Sí señor.  Nos vemos a las dos y media.

 

     Sr. Waller se sonríe y me dice, ─Está bien.  Voy a llamar a tu padre para que sepa.

            ─Por favor, señor, no lo llame.  Va a estar muy enojado conmigo.

            ─Nos vemos por la tarde, Juan Patricio.

 

 

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